viernes, 14 de junio de 2013

El Mariscal Sucre ya cuenta con más equipamiento tecnológico












 La Dirección General de Aviación Civil (DGAC) informó que se han colocado más equipos de radio ayuda y se han implementado nuevos procedimientos tecnológicos para mejorar la visibilidad y reducir los cierres de operaciones por neblina y vientos en el Aeropuerto Internacional Mariscal Sucre de Quito.

El director de la DGAC, Fernando Guerrero, indicó que la aviación civil colocó equipos de radio ayudas denominados VOR en 3 sitios: El Inga, Condorcocha y Malchinguí. Adicionalmente a ese equipamiento, existe otra radio ayuda denominada NBD que permite tener mejor precisión para el aterrizaje de los aviones.

El director de la DGAC señaló que el nuevo radar ubicado en El Inga, sumado al que se encuentra en Monjas, mejorará la operatividad del nuevo aeropuerto.

Esta infraestructura tecnológica permite tener una aproximación y decolaje de forma instrumental tanto por la cabecera norte como por la cabecera sur de la pista, lo que constituye una diferencia sustancial en relación con el viejo aeropuerto en el que únicamente existía una aproximación por el lado sur, indicaron los funcionarios de aviación civil.

Las radio ayudas ILS en el lado norte de la pista ya están calibradas. En esa línea, el director de la DGAC anunció que justamente los procedimientos de despegue y aterrizaje por el lado norte comenzarán a aplicarse a partir del 17 de junio, pues aún falta publicar esta información a nivel internacional de manera que todos los organismos relacionados con aeronavegación tengan conocimiento de aquello.

Visibilidad y vientos
En cuanto a los vientos que se presentaron el 8 de junio pasado, Guerrero explicó que se trata de un fenómeno conocido como turbulencia no predictible. Esta turbulencia fue de 17 nudos, proveniente del lado oriental del distrito. Algo parecido sucedió en el viejo aeropuerto el 7 de junio del 2012 pero con una ráfaga de vientos de 21 nudos. Sin  embargo, existe un diseño y normativas internacionales para que un avión pueda soportar un embate de hasta 35 nudos. De todos modos esto depende del tipo de avión, si es de carga o pasajeros, y de otros elementos técnicos. Por lo tanto, existe un margen que no afecta la seguridad aeroportuaria.

En ese mismo tema, la DGAC expresó que los operadores aéreos establecen políticas internas más restrictivas respecto de los fabricantes de aviones y que además son los pilotos quienes al final deciden si aterrizan o no en esas condiciones. De todas formas, aviación civil enfatizó que tres vuelos que no aterrizaron en una semana representan apenas el 0.001% de las 1.700 a 1.800 operaciones que se realizan en ese periodo.

En los meses de junio, julio y agosto es normal que haya presencia de vientos por el cambio de época estacional de invierno a verano. Según las estadísticas, se espera tener un promedio de ráfagas (turbulencias) variado 10 a 15 nudos, explicó Guerrero.

En referencia a la visibilidad y neblina, lo que hizo la DGAC fue reducir la visibilidad horizontal de 3.000 metros a 900 metros y en la  parte vertical de 183 metros a 88 metros porque el nuevo aeropuerto no tiene obstáculos artificiales, como era el caso de viejo Mariscal Sucre por las edificaciones de la avenida González Suarez.

Estas acciones han generado un impacto positivo en las dos últimas semanas, pues, según la DGAC, han disminuido los cierres del  aeropuerto por neblina y visibilidad. Obviamente, si se presenta neblina en la pista dentro de los mínimos que superen los 88 metros habrá que cerrar por la seguridad operacional del terminal aéreo, aclaró Fernando Guerrero.

El funcionario puso como ejemplo lo que ocurrió en el aeropuerto de México, en diciembre del 2012, cuando tuvo que cerrar operaciones por neblina. “Esto pasa en cualquier aeropuerto del mundo que se encuentre en altura”, dijo y añadió que en el caso de Quito, al estar en la cordillera de los Andes, es normal este tipo de fenómenos.

Fernando Guerrero explicó además que se redujeron las condiciones de visibilidad de 2.000 metros  a 550 metros, tanto para aterrizaje como para decolaje, lo que ha reportado mejores resultados en la operación sin arriesgar la seguridad del aeropuerto.

También se aclaró que el polvo no ha afectado las operaciones en el nuevo aeropuerto porque este se produce fuera del sector de decolaje de las aeronaves.

Otros datos técnicos
El nuevo terminal se ubica a 2411 metros sobre el nivel del mar, es decir a 400 o 500 metros menos que el anterior. El tipo de tránsito de navegación aérea se realiza por vuelos instrumentales y vuelos visuales  conocidos  como IFR  y DFR. Este tipo de operaciones se ejecutan en aproximación y decolaje.

Quito cuenta, como parte de la certificación internacional, con el sistema ATIS (Sistema Automático de Información de Área Terminal) con cobertura de 50 millas a la redonda que provee y da información de las condiciones meteorológicas del aeropuerto. Esto conoce la tripulación con antelación en la salida, ruta, destino y aeropuerto alterno.

Las aerolíneas como American Airlines, KLM, LAN, Tame y otras operan con altos estándares de seguridad, por lo que se deduce que si existiesen dificultades ocasionadas por la situación de vientos, hubieran dejado de operar en el nuevo aeropuerto. Esto no ha sucedido.

Cuando se cumplan seis meses de operación del nuevo aeropuerto, se establecerá una comparación más aproximada sobre cierre aeroportuarios por condiciones meteorológicas adversas.

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